martes, 26 de junio de 2007

Turtzioz, camino del exilio

Imagen


Publicado en DEIA

Joseba Agirre, Jose Maria De Gamboa Y Jean-Claude Larronde


"He llegado con las tropas vascas hasta el límite de Euzkadi. He permanecido entre ellas admirando el temple de nuestro pueblo cuyo espíritu no será jamás vencido. Y antes de salir de Euzkadi protesto en su nombre ante el mundo del despojo que con los vascos se verifica en pleno siglo XX arrancándonos de nuestra Patria a la que tenemos derecho por ser nuestra y la amamos entrañablemente".

Así empieza el último y patético mensaje del lehendakari José Antonio de Aguirre, lanzado en tierra vasca, en el municipio de Turtzios, al límite con la frontera de la provincia de Santander. El manifiesto está fechado el 30 de junio de 1937, último día de ese dramático mes de junio que para los vascos supuso la pérdida de Bilbao, caída en manos de los fascistas el 19 de ese mismo mes.

Efectivamente, desde el 17 de junio el Gobierno vasco se había instalado en este municipio de las Encartaciones, Trucíos, a la excepción de una Junta de Defensa provisional que se quedó en Bilbao compuesta de los consejeros Leizaola (PNV), Aznar (PSOE) y Astigarrabia (PC) así como del general Gamir Ulibarri, jefe del ejército de Euzkadi.

La evacuación de la población civil había llevado al Gobierno vasco a la decisión siguiente: "Al Gobierno se le presentaba un problema pavoroso. La defensa de aquel pueblo que emigraba por miles, abandonándolo todo. Su abastecimiento, su acomodo, su defensa, etc., y los miles de problemas que un espectáculo trágico como éste proporciona. Las carreteras llenas, perseguida por los aviones la población que emigraba. El Gobierno tenía que adoptar alguna resolución y no podía permanecer todo él en Bilbao, sino que había de dividirse en dos grupos...Trucíos, que por su situación permitía mantener el contacto directo con Bilbao y atender de alguna manera al pueblo emigrado. No fue tan fácil convencer a los Consejeros. Todos querían quedarse hasta última hora en Bilbao". (El informe del presidente Aguirre al Gobierno de la República, 1938).

Ya en septiembre de 1936, 100.000 vascos de Gipuzkoa ante el avance de las tropas fascistas habían tenido que refugiarse en Bizkaia. Esta vez el éxodo sería aún más terrible: había que resignarse a abandonar Euzkadi. En estas circunstancias trágicas, el lehendakari Aguirre insiste sobre "el orden, la serenidad y la compenetración" que no han dejado de existir en su gobierno. El recuerdo de esas horas dramáticas no se borrarían nunca de su memoria: "El espectáculo de aquellas carreteras plagadas de gente huida no se me olvidará jamás. Doce muertos había en las cunetas de las carreteras la noche de mi traslado a Trucíos, producidas por los disparos de las ametralladores de los aviones que, para nuestra desgracia, actuaban hasta de noche, amparados en el buen tiempo y la claridad de la luna llena. Hubimos de hacer a pie buena parte del trayecto, pues los focos de los vehículos orientaban el ataque de la aviación...". (El informe del presidente Aguirre al Gobierno de la República, 1938).

José Antonio de Aguirre conoce perfectamente los sentimientos que en estos momentos embargan al pueblo vasco que hace responsable de esta situación al gobierno republicano de Valencia: "El pueblo sintió una sensación de abandono... Falta de asistencia, falta de material, falta, sobre todo, de aviación", como diría más tarde el lehendakari en su informe al gobierno de la República española. Sin embargo ni una sola línea del Manifiesto de Turtzioz se refiere a este estado de ánimo y a estos sentimientos de amargura.

El Manifiesto de Turtzioz es una protesta enérgica contra "el despojo de nuestra patria y de nuestra libertad", y este despojo era la obra del "fascismo español", ayudado por las "fuerzas mercenarias y extranjeras" y de los "elementos de guerra alemanes e italianos".

También es una negación al derecho de conquista: "Lo negamos para siempre". Sin embargo, 8 días más tarde, el nuevo alcalde falangista de Bilbao, José María de Areilza, en su discurso del Coliseo Albia de Bilbao, discurso célebre que le será reprochado durante largos años y que seguramente lamentaría haber pronunciado cuando dio su ciaboga democrática, proclamó: "Que quede esto bien claro: Bilbao conquistado por las armas... Ley de guerra, dura, viril, inexorable. Ha habido, ¡vaya que si ha habido vencedores y vencidos!".

Efectivamente, los franquistas pudieron vencer militarmente, pudieron anexionar el territorio de Euzkadi, pero para Aguirre una cosa era absolutamente cierta, lo repite dos veces: "El espíritu del pueblo vasco no será nunca vencido", "el alma del pueblo vasco no será jamás conquistado". Y para que esta alma vasca viva, un mes y medio más tarde, tres días antes de la evacuación de Santander, Aguirre decide encargar a Gabriel de Olaizola la creación del coro Eresoinka que quedará como una de las manifestaciones más brillantes del exilio vasco.

Continuando con el manifiesto, Aguirre justifica la acción de su gobierno en la evacuación de Bilbao: ninguna destrucción inútil. "Hemos dejado intacto Bilbao y sus fuentes productoras", (decisión que había sido tomada en su último consejo de gobierno en Bilbao el 16 de junio: "Las destrucciones... deben limitarse a lo militarmente razonable", y su acción humanitaria: "Hemos dado libertad a los presos con generosidad que es pagada por el enemigo con fusilamientos y persecución", (la liberación de los presos franquistas) acción humanitaria que no se vería correspondida por los fascistas.

El lehendakari protesta también por la abolición del Concierto Económico para las provincias de Gipuzkoa y de Bizkaia, que se había decretado unos días antes, el 23 de junio.

Llama a la sensibilidad de todos para que vengan en ayuda a la población vasca, objeto de "momentos de angustia y privaciones". El legendario optimismo del lehendakari aparece en un momento del manifiesto; es evidente que la agresión fascista no durará eternamente; un día, el idioma, las leyes, la libertad del pueblo vasco se restaurarán: "El Pueblo Vasco puede mirar al futuro con ilusión; su alma nos pertenece. Nuestra conducta es la suya. Volveremos a recobrar el suelo de nuestros padres para restaurar el idioma escarnecido, la ley ultrajada, la libertad arrebatada".

El optimismo de Aguirre se fundamenta aquí sobre el carácter democrático, por lo tanto legítimo, de su gobierno y conocemos la fe de Aguirre en lo que para él es la primera referencia, la palabra clave, la democracia: "El Gobierno vasco sigue en su puesto, lo mismo en Euzkadi que donde quiera que se encuentre. El es el único gobierno legítimo de los vascos... Y el afecto de nuestros compatriotas nos acompañará hasta el día de la victoria".

Lo que no podía saber el lehendakari Aguirre cuando dejó de pisar tierra vasca, a finales del mes de junio de 1937, es que nunca más volvería a su Bilbao natal, y que la larga noche franquista iba a durar 40 largos años.

Sin embargo, el Gobierno vasco perduró en el exilio. Durante los años de la dictadura, el Gobierno vasco existió, con dificultades, pero con aciertos, como fue el de José Antonio de Aguirre al declarar, al inicio de la guerra de 1939-1945, la solidaridad del Pueblo Vasco con los aliados. El 16 de diciembre de 1979, Jesús María de Leizaola entregó a Carlos Garaikoetxea el testigo de la supervivencia de dicho Gobierno, a través de guerras civiles y europeas, a través del tiempo y la muerte de su primer mandatario.

Tags: Turtzioz, Trucíos, guerra civil, Gobierno Vasco

Comentarios

Añadir un comentario

Autor: Anonimoa
Fecha: jueves, 23 de agosto de 2007
Hora: 10:32

Ante la falta de documentación del artículo, me siento indignado como Trucense.Creo que antes de salir a escibir dos líneas(mal escritas)deben de documentarse, pues exiten varios errores de un calado importante.Ruego qeu dicho artículo sea modificado o retirado.
Autor: Anonimoa
Fecha: miércoles, 29 de agosto de 2007
Hora: 15:56

se trata de un articulo del deia, si tiene errores podemos intentar corregirlos entre todos y todas