Regreso a la villa feudal
Balmaseda retorna a la Edad Media para dar vida a su tradicional mercado medieval y recrear las antiguas guerras banderizas
El Correo Digital
JON FERNÁNDEZ/BALMASEDA
En el interior de la noble Vizcaya, cerca de los lindes con el antiguo reino de Castilla, una villa encartada se adentró ayer en la Edad Media. Es Balmaseda. Su transformación momentánea fue de lo más sencilla. Ya de por sí, el casco histórico mantiene un aire medieval en sus empedradas calles. A esa ventaja se le unió un pueblo volcado para la ocasión, al que ni siquiera la virulenta tormenta matinal le quitó la ilusión por la esperada cita. Los balmasedanos eran fácilmente reconocibles. Casi todos, iban vestidos como en el siglo XIV. Hoy, lugareños y visitantes prolongarán la fiesta. Los más de 100 stands gastronómicos y de artesanía no serán el único reclamo. También hay programadas obras de teatro, representaciones cómicas o malabaristas.
«Os ordeno vuestro destierro. ¿Fuera de Balmaseda!», se oye en la plaza San Severino. Allí, junto al Ayuntamiento, la enemistad entre las familias de los Ahedo y La Puente alcanza su punto más álgido. 400 vecinos dieron vida a mediodía de ayer a esta histórica pugna por el poder de la villa. La representación popular, que lleva el nombre de 'Guerras banderizas', reunió a gran parte del público. Nadie quiso perderse la recreación de este sangriento episodio.
Ya han pasado siete siglos desde entonces y, ahora, Balmaseda es más conocida por el tradicional Vía Crucis de Semana Santa. Las grandes dotes interpretativas de los participantes quedaron, en cualquier caso, de manifiesto en la obra. Para algo les sirve rememorar año tras año los últimos días de Jesucristo. Hasta se animaron con la música. Fue hacia las 13.00 horas, cuando un actor cantó guitarra en mano ante la abarrotada plaza. «¿Si lo hace mejor que el mítico Serrat!», constató Julián Madariaga, un visitante bilbaíno.
Era en las travesías de Martín Mendia y Pío Bermejillo donde las cuadrillas se arremolinaban para brindar con distintos brebajes. Hay quien optaba por el orujo de alguno de los puestos. Otros, eran más tradicionales. Le daban al vino, la cerveza o el mosto, según el grupo. Maitane y sus amigos preferían un buen bocata de chorizo. «Es que hemos estado de fiesta y tengo un hambre... De alcohol nada ¿eh?», se excusaba la joven.
Fuego y rapaces
Gran parte de los expositores tenía su centro de operaciones en la plaza de Los Fueros, donde los talleres de oficios volvieron a llevarse el favor del público. El soplador de vidrio, la tejedora o el herrero tuvieron su legión de seguidores, principalmente de corte infantil. También hubo quien se dejó ver mucho por las casetas del armero o la acuñación de monedas.
Equilibristas, domadores de serpientes... Algunos oficios eran de lo más peligrosos, como el de cuidador de las aves rapaces en el puesto de cetrería. Sólo las caras de los animales denotaban cierto cabreo. «Que no hacen nada», repetían los encargados de vigilarlos. La feria recupera hoy (22.00 horas) el 'Saragatus', una actuación de fuego y pirotecnia. Luego pondrá su punto y final con la simulación del incendio del Consistorio.
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