La deslocalización empresarial: un mal a combatir
Deslocalización -un término que se ha puesto de moda desgraciadamente en Enkarterri- no es otra cosa que el traslado de actividades productivas desde zonas o países industrializados a otros países donde las empresas encuentran fundamentalmente ventajas en las condiciones laborales: menos salarios, menos protección social, menos impuestos, menos derechos sindicales, menos exigencias de respeto al medio ambiente...
Las empresas con menores exigencias aumentan considerablemente sus beneficios respondiendo mejor a los intereses de sus accionistas. Cada vez más, no es un problema de rentabilidad -ya que Reckitt en Güeñes gana dinero- si no de maximizar los beneficios. Se quiere que la empresa tenga beneficios del 15-20% o más sobre su facturación.
La competencia en un mundo global hace que las multinacionales provoquen la confrontación entre sus propias plantas de unos países con las de otros para producir una cascada de cesiones de derechos laborales de los trabajadores de las diferentes plantas.
En esta dinámica de competencia, cada vez se exige a las empresas que incrementen permanentemente su competitividad en un círculo vicioso sin fin: si una cede, a las otras se les amenazará con llevar la producción allí, y si también lo hacen, volverán a plantear la rebaja a la anterior planta de producción y las siguientes.
El problema se agrava por el apoyo que dan la gran mayoría de los gobiernos a estas políticas de las transnacionales: gobiernos municipales, forales, autonómicos, estatales, europeos... Los gobiernos están elaborando políticas para rebajar los costos de las empresas, librándolas de impuestos, de pagos a la Seguridad Social, ofreciéndoles terrenos gratis para su implantación, construyendo infraestructuras para abaratarles los costes. Todo esto sin ninguna contrapartida de exigencia de mantenimiento de su presencia, especialmente si reporta beneficios.
Sólo si las administraciones establecen condiciones a las ayudas se puede frenar esa dinámica del capitalismo neoliberal que tenemos. Sólo si se establecen límites legales al beneficio en el ámbito europeo y mundial podremos acceder a un mundo más justo.
José Luis Ruiz
Secretario de Economía y Empleo de Ezker Batua-Berdeak


