viernes, 16 de junio de 2006

Ordunte: la encrucijada ecologista

Históricamente, los movimientos ecologistas han enarbolado la bandera de las energías renovables como alternativa necesaria a las formas tradicionales de obtención de energía. Hablamos de energías renovables entendiendo el sol, el viento y el agua como fuentes inagotables, como recursos permanentes. Eso no quiere decir que obtener energía a partir del sol, el viento y el agua sea sostenible en todos los casos. Por eso, tal vez ha llegado el momento de plantearse un cambio terminológico. Nuestra alternativa no deben ser las energías renovables, sino las energías sostenibles.
Esta reflexión nos lleva al caso práctico del parque eólico de Ordunte, al que se ha enfrentado abiertamente el colectivo ecologista y nuestra propia organización. En su día, se escogió la cordillera de Ordunte como emplazamiento ideal para un futuro parque eólico: su carácter de zona montañosa virgen y deshabitada lo convertía en un paraje propicio y por supuesto rentable. Al elegir los montes vizcaínos de Ordunte se manejaron criterios de mera rentabilidad económica y se olvidaron los criterios medioambientales. Al fin y al cabo, la energía eólica es una energía renovable, y por falsa deducción, es también una energía sostenible. Las empresas implicadas en el proyecto supusieron que sería sencillo camelar a la opinión pública con el señuelo del respeto medioambiental.
Los movimientos sociales descubrieron la trampa inmediatamente, pero era complicado plantar cara a un parque eólico y su consiguiente línea de alta tensión. Era difícil oponerse a la siempre defendida energía renovable. A pesar de todo, existían demasiados argumentos para vetar el proyecto sin incurrir en contradicciones. Más allá de las consideraciones paisajísticas y puramente sentimentales, la industrialización de estos montes encartados significaba destruir un hábitat singular.
Los montes de Ordunte están catalogados como Lugar de Interés Comunitario y fueron recientemente incluidos en la Red Natura 2000. La lista de especies protegidas que se asientan en este espacio natural es interminable, pero era la avifauna el sector más perjudicado, dada la existencia de un concurrido corredor migratorio y un comedero natural de buitres. Las potenciales víctimas tenían nombre y apellidos. Se llamaban águila perdicera, espátula, alimoche, milano real, águila real, azor, buitre leonado, quebrantahuesos… Una vez puesto en marcha el proyecto, se firmaba el acta de defunción de la turbera de Zalama, los esfagnales de Salduero y las especies vegetales que allí habitan, entre las que destacamos por su rareza la drosera, especie de planta carnívora que acapara cierto interés turístico.
Merece una mención aparte el patrimonio etnográfico y arqueológico de estos montes. Son muchos los monumentos funerarios megalíticos que asoman en el valle de Karrantza, gran parte de ellos abandonados y en mal estado. En los últimos años han aparecido nuevos dólmenes y túmulos sepultados durante siglos, y es probable que queden yacimientos aún por descubrir. Además, la zona fue en otros tiempos un conjunto pastoril de especial relevancia, con un rico entramado de cabañas, corrales, seles, majadas con aparente forma de castro, mesas para el sacrificio de animales, carboneras, ilsos, mojones...
Entre otras cosas, nadie tuvo en cuenta la afección a los cursos de agua en el momento de escoger el emplazamiento del parque eólico. Las instalaciones y obras proyectadas afectaban negativamente al embalse de Ordunte, que abastece a la comarca del Gran Bilbao, y el embalse de la Cerroja, que ha paliado estos últimos años las graves sequías y los prolongados cortes de suministro que sufría el municipio de Karrantza.
Definitivamente, la sierra de Ordunte era la cabeza de turco de un modelo energético desarrollista diseñado para satisfacer las demandas de las grandes empresas. Muy a menudo, detrás de las instalaciones eólicas se esconden negocios poco honestos y torvas voluntades. Inexplicablemente, la energía solar continúa relegada a un papel secundario en nuestro país, mientras Alemania cuenta con cien mil tejados solares en unas condiciones de insolación mucho menos favorables.
Puestos a defender la energía eólica, defendamos en primer lugar la mejora de las instalaciones que ya están funcionamiento. Esto no es aún aplicable a la Comunidad Autónoma Vasca, recién llegada al mundo de la energía eólica, pero sí es una consideración a tener en cuenta por otras comunidades autónomas. Apostamos por reforzar los parques eólicos ya existentes sustituyendo cada cierto tiempo los molinos anticuados por aerogeneradores de última generación –cada vez más potentes– y levantando nuevos molinos en las inmediaciones. En la mayoría de los casos, es posible multiplicar el rendimiento energético, y la afección medioambiental siempre será menor que la generada por un nuevo parque, ya que es posible aprovechar las mismas líneas de alta tensión y las mismas pistas de acceso.
Tampoco perdamos de vista el freno que impone la especulación inmobiliaria al desarrollo eólico. El maná económico de las recalificaciones ha propiciado que muchos ayuntamientos se opongan a acoger instalaciones eólicas, menos rentables que las maniobras urbanísticas. En todo caso, las administraciones continúan amparando la construcción de grandes parques, mientras que obstaculizan la implantación de pequeños aerogeneradores destinados al autoabastecimiento. Multitud de polígonos industriales podrían beneficiarse de estos molinos con un impacto estético prácticamente nulo y evitando levantar extensas líneas de evacuación de energía.
En cuanto a la ubicación de los parques eólicos, las zonas montañosas suelen ser un blanco fácil, mientras que los puertos de mar siguen siendo lugares desaprovechados. Los parques eólicos en puertos deportivos e industriales comportan menor impacto que los ubicados en montes, y su cercanía a grandes núcleos urbanos hace más sencilla la evacuación de la energía.
Han pasado varios años desde que se propuso el emplazamiento de Ordunte, y ahora el Departamento de Medio Ambiente del Gobierno Vasco ha reconocido las advertencias del movimiento ecologista. Podemos sentir orgullo. Hemos detenido un delito ecológico disfrazado con la máscara de la sostenibilidad. Hemos cazado un lobo con piel de cordero.


Jonathan Martínez
Coordinador de Ezker Batua-Berdeak en Enkarterri

Tags: Ordunte, Karrantza, Carranza, parque eólico

Comentarios

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Autor: Anonimoa
Fecha: sábado, 19 de abril de 2008
Hora: 16:48

Totalmente de acuerdo. Gran trabajo. Las instaliciones eólicas hubieran puesto en grave peligo a este ecosistema situado entre Vizcaya y Burgos, y limítrofe con Cantabria.